Gracias por la invitación, Cafénoche; espero aportar algo para quienes lean esta linda página y me alegro de tener la oportunidad de aprender más, por este medio, sobre lo que tanto me apasiona y mueve una parte importante de mi vida. Y mira la casualidad, hoy inicia tu radio al aire ¡Felicidades!
Empecemos por el principio: ¿De dónde vienen la escuela, los maestros (pedagogos)? ¿Qué hacen los padres en este ámbito? El siguiente texto es una forma de contextualizar históricamente la situación.
EL ORIGEN DE LA ESCUELA Y LA EDUCACIÓN
Todos los días tomo la misma ruta para ir, conduciendo, a mi trabajo y es común que me tope con la mano de un agente de tránsito haciéndome una señal de “alto”, para dar el paso a los niños que van a la escuela. Me detengo y mientras espero que crucen la calle, miro a los pequeñitos que acuden a tomar clases a las escuelas de mi comunidad, como en cualquier otra en el mundo.
Luego observo los edificios en donde entran los alumnos y pienso en mi niñez y en los diferentes maestros que tuve y reflexiono en los métodos usados entonces y ahora, concluyendo que hay evolución (sin pensar si es buena o mala, por lo menos no pensemos en eso en este momento) y me cuestiono ¿de dónde vienen las escuelas?, ¿por qué se formaron?, ¿para qué?
Para dar respuesta a estar preguntas, quisiera invitarlos a hacer un viaje imaginario a la era del hombre primitivo, tiempo en que se hicieron descubrimientos importantes, que en cuanto avance fueron leves, pero impactantes. Ustedes podrán preguntarse qué tiene que ver tal personaje en este tema y bueno, su desempeño da origen al proceso enseñanza – aprendizaje y a lo que hoy en día, llamamos escuela.
Imaginemos al hombre primitivo en algún evento… cazando animales, por ejemplo, para comer su carne y aprovechar su piel; este hombre tuvo hijos , a los que a su vez, les enseñó a cazar y aprovechar las partes del animal, para comer, hacer ondas, etc. Ese niño, al ir creciendo tuvo, necesariamente, que mantener ese conocimiento, no podía olvidarlo y en muchas ocasiones hasta lo perfeccionó. Ahora imaginemos las caras de los integrantes de una de estas tribus cuando descubrieron el fuego; el gran esfuerzo que deben haber realizado por “no perderlo”, y su emoción, acompañada de gruñidos y sonidos guturales, celebrando que habían descubierto cómo “crearlo”. Visualicemos una de esas casualidades de la vida (que en ese tiempo mucho de los conocimientos adquiridos fueron por casualidad) en que, sin querer, se dejó caer un trozo de carne cruda en la lumbre y percibieron su sabrosa aroma y el exquisito sabor que tomó ¡mmmmmm¡
¿Y qué hacían con las pieles de los animales que mataban? Bueno, pues alguien, por no decir que una mujer, se preocupó por clasificarlas en base a su flexibilidad y buscó la manera de unirlas para manufacturar diferentes cosas: paredes y techos, vestido y sandalias.
Otros construían armas con piedras de diferentes tamaños e incluso se inventó la rueda. Todos eran conocimientos que se iban logrando a través de la experiencia y se tenían que conservar. Entre esos hombre primitivos debió existir uno con la habilidad y destreza para memorizar y ejecutar los procedimientos e, incluso, para explicarlos a los más jóvenes .
“Chamanes”, “Brujos” o “Sabios” eran los hombres responsables de mantener “al día” todos los conocimientos que tenían que traspasar a los más jóvenes que fueran “dignos” de ese honor, que hubieran sobresalido de los demás y presentaran ciertas cualidades (buena memoria y habilidad para graficar en roca o piedra). Puedo ver la escena: un Chamán desempeñando su rol con toda seriedad, hablando a los más jóvenes, dos o tres, inicialmente; número que debió incrementar en la misma medida que la comunidad crecía, estableciéndose así “grupos” en donde se impartía la enseñanza y se aprendía. Lo más relevante de esto, es que se tenía que practicar todo lo que se enseñaba en esta “escuela”, bajo la mirada crítica del Chamán, Brujo o Sabio; dicho de una manera más familiar: MAESTRO.
Dejemos de imaginar y reflexionemos: estás escenas son las que los historiadores y estudiosos de los procesos de enseñanza “formales” describen como las primeras acciones que se pueden considerar educativas, frente a un grupo que sin contar con un edificio o aulas especializadas, se consideran como el inicio de la escuela. Con el paso del tiempo y en la medida que crecieron y se acumularon los conocimientos que la humanidad fue (y continua) logrando hasta nuestros días, se hizo necesario organizar esto de una mejor manera, de tal forma que ahora existen escuelas de todos los niveles (desde la maternal, hasta los postgrados) y en diversas especialidades.
Entonces, podemos dar respuestas diferentes a las preguntas que planteaba en un inicio, ya que en la época del hombre primitivo la escuela surgió por la necesidad de hacer prevalecer los conocimientos que se iban logrando, para traspasarlos a las nuevas generaciones y garantizar su supervivencia.
En cambio, en nuestros tiempos la educación aparte de contar con una institución donde se sistematiza el proceso enseñanza – aprendizaje, permite, por un lado: heredar el conocimiento de las generaciones mayores a las jóvenes, encontrar otros nuevos y mejorarlos. Y por otro, desarrollar, desde el “deber ser” todas aquellas capacidades que el ser humano tiene hasta lograr su desarrollo integral y pleno.
Y seguramente, dentro de algunas décadas, las respuestas a estas mismas preguntas, podrán variar de nuevo… tal vez en el futuro la intención de la educación y el propósito de la escuela sea, entonces, volver a la simplicidad de la vida, a la no evolución acelerada y al no abuso de los recursos de nuestro planeta. Tal vez se pretenda ser, como aquel sencillo y nada complicado hombre primitivo, que se adaptaba a la naturaleza.